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Para todo viajero, hay rutas que son emblemáticas y, a veces, inalcanzables. Por su historia y su extensión, por los hermosos paisajes que atraviesan y por las culturas que caracterizan a sus pueblos, muchas de ellas se han convertido en verdaderos hitos del turismo.
La Ruta de la Seda está sin dudas incluida en esta categoría de caminos para viajeros con sed de aventura. Antiguamente, unía los imperios romano y chino. Atravesaba ciudades como Damasco, Bagdad y Samarcanda, y paisajes bellísimos, entre ellos el macizo de Pamir y los desiertos del Gobi y de Taklamakán.
Sus orígenes datan del año 138 antes de Cristo, cuando se la fundó para el transporte de mercaderías tradicionalmente asociadas con los países de la región: ámbar, marfil, laca, especias, vidrio, piedras y metales preciosos y telas. En esa época, se utilizaba animales como medio de transporte, sobre todo camellos y elefantes.
Ciudades abandonadas, yacimientos arqueológicos, ruinas de antiquísimos monumentos y, desde luego, tesoros que testimonian el pasado ocultos entre la arena o bajo la tierra, aguardando para ser descubiertos.
Se trata sin dudas de una opción fuera de lo ordinario para conocer la región. Es extensa y en muchos de sus tramos atraviesa sitios y paisajes inhóspitos, pero bien vale la pena considerarla al momento de realizar un viaje.
Foto Vía: Museo Oriental
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